martes, 19 de mayo de 2015

Quiero hablar del sexo


En la Biblia se puede leer: “Polvo eres y en polvo te convertiras…”, y los españoles, que somos muy guasones, hemos decidido llamar “echar un polvo” a la “coyunda” o al “coito” o a “conocer hembra o varón” según sea el caso y que tiene casi tantos nombres como posibles posturas.

Yo pensé que eso era así por esa razón hasta que escuché una explicación que me parece también lógica.

En la antigüedad los enamorados o no, que querían gozarse se veían obligados a ir al granero o a lugares apartados.

Tras regresar del éxtasis o no, la espalda les quedaba manchada de polvo lo cual dio origen a la famosa expresión.

Sin embargo otra expresión más acertada desde mi comprensión de la vida y de sus maravillas es el hecho de denominarlo: “Hacer el amor” y de esto ya hablé en otro escrito en mi blog.

Pero he tenido varias reflexiones y que son las me han hecho desear volver a tocar el tema.

El vocablo “SEXO” tiene su raíz en el concepto “seis” y eso es debido al hecho de que cuando una pareja se junta para “intimar” en realidad se juntan seis cuerpos, tres por cada uno de los componentes. A saber: el espíritu, el alma y el físico.

Evidentemente todas las combinaciones son posibles y cada una da un efecto diferente siendo la unión de los tres en total armonía una de las vías que más nos acercan a sentir la potencia divina en esta dimensión.

Nosotros los humanos junto con el delfín somos la única especie que puede “aparearse” solo por el placer de hacerlo, lo cual nos da un indicativo de que quizás los Dioses quisieron darnos una llave para acceder a metas mucho más elevadas. 
Y ello porque cuando el sexo es elevado se alcanzan altas cotas de sensación de parecer rozar la divinidad.

Recuerdo que el orgasmo es el momento de silencio en nuestro interior y en nuestra mente que experimentamos de manera natural no forzado.

Pero una de las reflexiones que me han hecho pensar en este escrito es el del placer que se siente “uniéndose” físicamente.



Partiendo de la base que en nuestro interior está Dios o una manifestación de Dios y que esa misma manifestación está en el exterior y que nos rodea, el acto físico de hacer el amor se puede ver como que es la unión de estas dos realidades.

Me explico:

El varón “entra” en el interior de su compañera.
Va por tanto al “contacto” con el Dios interior que en ella habita.
Él siente por tanto un gran placer.

La hembra “recibe y acoje” desde el exterior a su compañero. 
Es simbólicamente una visión de que se entra en “contacto” con el Dios que está en el exterior.
Ella siente por tanto un gran placer.

En ambos casos, ambos seres “conectan por contacto” con una parte de Dios, la que en ellos se complementa. y ahí radica el porqué del gozo.

Dicen los místicos y lo experimentan tambien los que hacen de la vida un sendero de realización espiritual profunda que la comunión con Dios es una fuente de gozo y de paz.

Será quizás será por eso que el acto físico de hacer el amor, cuando se practica desde la consciencia, la libertad, la aceptación, el deseo mutuo de entrega que produce un sano y placentero placer.

Será, me digo desde mi visión personal porque metafóricamente es la unión de los dos Dioses el interno y el externo en un instante de efímera eternidad.

Es una visión muy personal quizás un tanto poética, quizás un tanto utópica pero, por qué no puede ser válida.

El acto físico de hacer el amor cuando realizado desde el equilibrio nos conecta con nuestro ser creativo, nos potencia, nos acerca al estado del bienestar cotidiano.

¿Será quizás sabedores de esto que los que “dirigen” a las masas han hecho del sexo siempre una herramienta de manipulación?

En tiempos antiguos para sometimiento a través de la prohibición, y ahora en tiempos más modernos en la banalización de un acto tan sublime desvirtuándolo de todo valor místico.

¿Será quizás sabedores de esto que los que intentan “ayudar” al individuo desde tiempo remotos y antiguos hablan del sexo con veneración y respeto inculcando el deseo de que sea vivido y experimentado como una poderosa herramienta de conciencia y de desarrollo, de divinización y de juego.

El origen de nuestra vida se produce a través del juego sexual, el sexo es pues un pilar fundamental en la vida. 
No lo es todo evidentemente. 

Es como todo, importante es su justa medida y su justa medida es el equilibrio, el respeto y la honestidad.

El acto físico de “encontrarse“ de “entregarse“ es latir en un solo ritmo, en un único corazón, siendo dos en uno y uno en dos.




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