Ayer, 9 de noviembre de 2012, se produjo una noticia en España que
golpeó la conciencia social.
Una mujer en Barakaldo que iba a ser desahuciada
de su piso se suicidó en el momento que iba a ser desalojada de su casa.
Ante este tipo de noticias, que como dicho
golpean la conciencia social, la clase política reacciona más o menos con
celeridad y prometen hacer cosas, casi todos los medios de comunicación
aprovechan para hacer reportajes y la sociedad lo comentamos por foros y redes
sociales.
En realidad todo ello es el fruto de ese
impacto social.
Ese movimiento surge en unos, los primeros en
haber mencionado, para parar posibles consecuencias de índole de partido y para que no se les desajusten
sus cuentas.
En los segundos porque ese impacto es una
ocasión para profundizar en un tema que ha generado expectación.
En los terceros porque nos golpea e impacta el
hecho en sí mismo.
Y no sé si fue por la noticia o quizás porque
algún otro motivo lo que le hizo reflexionar pero la cuestión es que un ser
cercano a mi corazón y más cercano al corazón de mi compañera de vida me decía
yendo ayer en coche: “SOLO SOMOS UN
INSTANTE DE ATENCIÓN EN LOS NOTICIEROS, FALTAN SENTIMIENTOS EMOCIONALES POR LAS
PERSONAS”.
Ante tan profunda reflexión le pregunté cómo
desde su perspectiva se podía solucionar.
Me dijo que no sabía.
Y yo me quedé
pensando en ello.
Le comentaba, porque en ese momento así lo
reflexionaba que todos nos influenciábamos con el pensamiento. Le comentaba que
él y yo en ese momento éramos dos en el coche. Su pensamiento y el mío sumaban
y/o restaban en base a las energías que en cada uno emanaban y eso daba una
sensación, un efecto.
La fuerza de nuestro pensamiento se
une a la de los demás y en base a esa suma o a esa resta se produce un efecto.
La vida es como si fuese un gran e inmenso
cuadro, un gran e inmenso cuadro donde cada uno de nosotros añade el trozo del
propio arte.
Y ese cuadro se pinta con nuestros pensamientos que son los que dan fruto a las acciones.
De eso se deducen dos cosas por un lado que es
un cuadro que resulta de la acción de todos y no es por tanto el cuadro
intención de cada uno. Segundo que ese cuadro se suma al cuadro que pinta el
Universo entero y que por lo tanto ese cuadro resultante nuestro ha de estar en
“armonía” con ese cuadro aún más grande.
Pienso en esa mujer de Barakaldo y pienso que
escogió la que creyó era la mejor solución y con esa solución “ella” dejó
impregnado con su arte ese cuadro de nuestra vida.
Cuando un ser humano avanza, avanza con él toda la humanidad, cuando ser
humano retrocede con él retrocede toda la humanidad.
La calidad de pensamiento colectivo crea un
estado de conciencia.
Y ya que
nuestra realidad es dual ese estado de conciencia puede tener los dos valores
opuestos en sus extremos.
Un estado
de conciencia basado en una calidad de pensamiento se le puede llamar Cristo,
el otro estado de conciencia basado en el polo opuesto de conciencia se le
puede llamar Anticristo.
Uno busca
integrar, desarrollar, favorecer y el otro desintegrar, prevalecer, limitar.
Esas
calidades de pensamiento edifican realidades que pueden ser visibles y las realidades
visibles responden como efecto a esas calidades de pensamientos.
Que haya
una fuerza de pensamiento que no tenga en cuenta el valor humano en sí mismo da,
por ejemplo, como resultado que una persona decida dejar violentamente la vida
y eso es Anticrístico.
Que haya
una fuerza de pensamiento que si tenga en cuenta el valor humano en sí mismo
da, por ejemplo, como resultado que una persona como Ryan Hreljac (*) ayude a saciar la sed en África y eso es
Crístico.
Hemos llegado a un punto de nuestro tiempo en el que nuestros problemas como sociedad, como humanidad son de resolución cada vez más dificultosa.
Está a nosotros hacer
prevalecer uno u otro valor, está a nosotros sumar o restar.
Si borramos de
nuestra memoria los valores que edifican lo Crístico más difícilmente se manifestará.
Esa Parusia tal vez sea la solución que nos ayude a reponer un
equilibrio en el que nosotros por nosotros mismos tenemos mucha dificultad en poderlo actuar.
(*) Ryan Hreljac el niño que le quitó la sed a medio millón de
africanos.
Ryan nació en Canadá en mayo del 91. De pequeño,
en la escuela, cuando tenía tan solo seis añitos su maestra les habló de cómo
vivían los niños en África.
Se conmovió profundamente al saber que algunos
hasta mueren de sed, que no hay pozos de dónde sacar agua, pensar que a él le
bastaba dar unos pasos para que el agua saliera del grifo durante horas…
Ryan preguntó cuánto costaría llevarles agua. La
maestra lo pensó un poco y recordó una organización llamada WaterCan dedicada
al tema y le dijo que un pequeño pozo podía costar unos 70 dólares.
Cuando llegó a su casa fue directo a su madre
Susan y le dijo que necesitaba 70 dólares para comprar un pozo para los niños
africanos. Su madre le dijo que debía ganárselos él mismo y le fue poniendo
tareas en casa con las que Ryan se ganaba algunos dólares a la semana.
Finalmente reunió los 70 dólares y pidió a su madre que lo acompañara a la sede
de WaterCan para comprar su pozo para los niños de África. Cuando lo atendieron
le dijeron que lo que costaba realmente la perforación de un pozo eran 2000
dólares. Susan le dejó claro que ella no podía darle 2000 dólares por más que
limpiara cristales para toda la vida, pero Ryan no se rindió. Le prometió a
aquel hombre que volvería… y lo hizo.
Contagiados por su entusiasmo, todos se pusieron
a trabajar: sus hermanos, vecinos y amigos. Entre todo el vecindario lograron
reunir 2000 dólares trabajando y haciendo mandados y Ryan volvió triunfal a
WaterCan para pedir su pozo.
En enero de 1999 se perforó un pozo en un pueblo
al norte de Uganda. A partir de ahí empieza la leyenda. Ryan no ha parado de
recaudar fondos y viajar por medio globo buscando apoyos.
Cuando el pozo de Angola estuvo hecho, el colegio
comenzó un carteo con niños del colegio que estaba al lado del pozo, en África.
Así Ryan conoció a Akana; un chico que había
escapado de las garras de los ejércitos de niños y que luchaba por estudiar
cada día. Ryan se sintió cautivado por su nuevo amigo y pidió a sus padres ir a
verle. Con un gran esfuerzo económico por su parte, los padres pagaron un viaje
a Uganda y Ryan en el 2000 llegó al pueblo donde se había perforado su pozo.
Cientos de niños de los alrededores coreaban su nombre formando un pasillo.
- “¿Saben
mi nombre?” -preguntó Ryan a su guía
- “Todo el
mundo a 100 kilómetros a la redonda lo sabe”, le respondió.
En la actualidad Ryan Hreljac tiene su propia
fundación y llevan más de 400 pozos realizados en África, este dato fue tomado
en el año 2010.
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